Saltar al contenido

Difusión internacional del Tango

marzo 21, 2021

El Tango como ha sucedido con todos los géneros musicales se gestó en la tradición popular y fue rechazado por las clases altas y poderosas. Muchos de los grandes tangueros tuvieron que viajar al exterior y luego de que lo difundieron fueron finalmente aceptados por imitación de las modas extranjeras.

Algunos de los insignes tangueros que viajaron al exterior en busca de mejores oportunidades fueron Ángel Villoldo y Alfredo Gobbi en 1907. La disquera Argentina Harrods envía a Villoldo y a Gobby para que graben El choclo y La morocha a la compañía Pathé de París.

Además de ellos viaja la cantante y bailarina Flora Gobbi. Y esta junto a su esposo fue posiblemente la presentadora de los primeros shows de Tango bailado en París. Otros de los principales difusores del tango en el exterior fueron Ricardo Guiraldes y José Ovidio Bianquet mejor conocido como El cachafaz en la década de 1910.

El Tango en Europa y Estados Unidos

Después de la primera guerra El cachafaz vuelve a París para convertirse en él bailarín de Tango más importante de la historia.

Por otra parte estuvo Casimiro Ain, quien viajó a partir 1913 a Nueva York y París. Convirtiéndose luego en uno de los mayores difusores del tango en el mundo. Debido a sus méritos en el tango Alberto López Buchardo lo contrató y le pagó el pasaje a París donde se dedicaba a enseñar y difundir el tango.

Ahí Casimiro empieza a tomar fama en la presentaciones en el Garron sopers lugar de encuentro de la colonia Argentina en París en los años 20. A este mítico local acudieron personajes tales como la hermana del zar de Rusia, el Duque de Windsor y su esposa Nancy Astor. Dueños del famoso hotel Windsor and Astoria, donde Casimiro empezaría a presentarse años más tarde, en su etapa en Norteamérica.

Sin embargo, en su caso el gran boom ocurriría a través del cine cuando empieza a filmar películas representando gauchos argentinos y escenas de tango. En 1914 el tango es prohibido por el Káiser Guillermo y condenado por el papa Pío XII, pruebas decisivas de su popularidad en el primer mundo.